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No votaré a Rajoy
No votaré a las mentiras. No votaré a la manipulación descarada que del terrorismo han hecho. No votaré a la invasión de Irak. No votaré a los que nos llevaron a una guerra que no nos incumbía. No votaré a los que, como los obispos católicos españoles, defienden valores ultramontanos y degradan a la mujer por serlo, odian a los homosexuales, persiguen a los divorciados y condenan a las abortistas. No votaré a los que dice la COPE que hay que votar. No votaré a los que gobernaban cuando el atentado del 11M, a los que nos engañaron intentando colocar la autoría a ETA, a los que mantuvieron esa teoría durante la última legislatura. No votaré a quienes han utilizado el tribunal constitucional para imponer su voluntad. No votaré a los que durante toda la legislatura han bloqueado la renovación del constitucional y el supremo. No votaré a los que acusaron de terrorista al gobierno por negociar con ETA. No votaré a los que utilizaron el terrorismo para derribar al gobierno legítimo. No votaré a los que nunca aceptaron la derrota en el 2004. No votaré a los Aznar, Aguirre, Zaplana, Acebes, Mayor Oreja o Astarloa y demás fauna neoconservadora. No votaré a los que manipulan para insuflar miedo a los votantes. No votaré al partido que ha hecho todo esto y mucho más. No votaré a su candidato. Por eso no votaré al PP y por supuesto no votaré a Mariano Rajoy.
Me aterra la sombra “Nosferaturesca” de Aznar con su sonrisa “hienática” manipulando los hilos de la marioneta Rajoy. Me desagrada sobremanera oír la “canónica” voz de soufflé de Acebes, con su coletilla “y tu más”. Me irrita la presencia de dibujo animado de la estreñida Esperanza Aguirre con su sonrisa de matarlas callando. Me altera la noñez de Mayor Oreja. Me irrita el populismo barato de Pujalte. Me subleva la pedantería de Gallardón. Pero sobre todo me desagrada la bisoñez del candidato a presidente, me resulta del todo infumable el mensaje, siempre repetitivo y banal que, acompañado del movimiento estilo martillo pilón de su mano derecha, suelta donde quiera que esté. No quiero a Pizarro de ministro económico. Como tampoco quiero a Zaplana, ni a los demás. No quiero a Rajoy de presidente porque me asusta lo que pueda hacer o, peor aún, lo que pueda deshacer.
No quiero que personajes siniestros, cuyo único empeño durante esta legislatura ha sido deslegitimizar al gobierno salido de las urnas, como el locutor Losantos, el cardenal Rouco y el portavoz Alcaraz, dirijan, desde sus cómodos y bien pagados cargos privados, las políticas del país en materias tan importantes como la comunicación, la educación y la lucha antiterrorista.
Por todo esto y algo más, el 9 de marzo, no votaré a Rajoy.© PCB
Marianico no quiere a Albertico y Esperancica se rie por lo bajini

Rajoy confiesa que vetó a Gallardón al ver que su objetivo era sustituirlo. (La Vanguardia 18-Ene-2008)
Acabáramos, siendo así, se comprende que 'Marianico' no haya permitido que 'Albertico' se presente para diputado en las elecciones de marzo. Si ves amenazado tu futuro inmediato, haces lo que haga falta para acabar con la amenaza. Lo que sucede es que no siempre la verdadera amenaza es la que aparece como tal. Ni el supuesto amenazado es realmente el que lo está. Se supone –eso al menos intentan hacernos creer– que tanto los partidos políticos como sus dirigentes y sobre todo los que se presentan a unas elecciones, lo hacen por los ciudadanos, que su único interés es servir a la ciudadanía y que los cargos que ostentan son una especie de cesión temporal para trabajar por la sociedad. Si es así, el que un dirigente político aspire a ser diputado pensando en ser un día el líder del partido, no debe representar amenaza alguna para el líder actual. Si los electores deciden que prefieren a uno sobre el otro, es lo que debe ser, son ellos después de todo quienes eligen a sus representantes. Considerar una amenaza personal que un compañero de partido, utilizando los medios fijados para ello, aspire al cargo que uno ostenta, resulta cuanto menos chocante. Que encima, el supuesto amenazado, utilizando la autoridad que posee, impida que el aspirante tenga su oportunidad, resulta preocupante. Máxime si como en el caso que nos ocupa lo hace cediendo a las presiones de otros.
La prensa se ha encargado de lanzar a los cuatro vientos el mensaje de que Rajoy ha vetado a Gallardón cediendo a las presiones del sector más duro y rancio del PP, representado por las familias Aznar y Aguirre con la bendición de la COPE. Pero no nos engañemos, sin que eso deje de ser cierto, también lo es que 'Maranico' forma parte de ese sector, que él mismo es parte activa de la línea dura y que forma parte de esa derecha de misa diaria y valores ultra conservadores –los modernos lo llaman neocon abreviatura de neoconservadores– que aspira a gobernar. Por tanto, las presiones que en ese sentido haya podido recibir, lo único que han hecho ha sido reafirmar sus convicciones facilitándole la decisión final.
En cualquier caso, lo sucedido no es mas que producto de la guerra interna en un partido que perdió algo más que el gobierno tras la derrota de las elecciones del 2004. Que al final repercutirá en el ciudadano, es cierto. Pero no perdamos de vista que 'Albertico' tampoco es una joya. Lo que sucede es que ante panorama y personajes tan siniestros, cualquier otra cosa, resulta tranquilizador e incluso apetecible. La imagen de progre centrista que Gallardón ha proyectado a lo largo de su vida pública, le hace merecedor de la confianza de muchos sectores sociales que desconfían de la derecha pura y dura. Pero, no olvidemos la fábula aquella en que el lobo utilizaba una piel de oveja para ganarse la confianza de los inocentes borregos.
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