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La lombriz y el caracol. O, como fenecer en el intento

     Al salir a la luz, después de un buen trecho perforando la tierra húmeda, lo primero que ve la lombriz es una cara babosa con dos largas antenas en la parte superior y otras dos mas cortas en la inferior. Deslumbrada por la intensidad de la luz, la lombriz espera unos segundos antes de poder reconocer en ella a su amigo caracol que la espera allí plantado desde hace un buen rato.

     Ya sería hora, perezosale dice el caracol a la aturdida lombriz–

     No me ‘atabales’ cara baba, que estoy desfallecida. Tú no sabes lo que cuesta excavar la tierra con esta sequía. Si sigue así, no sé que va a ser de nosotrosresponde la lombriz mientras termina de salir a la superficie–

     Una vez fuera, la lombriz se sacude los restos de tierra y a continuación hace unos ejercicios de estiramiento y enrollamiento para desentumecer su flexible cuerpo. Por último se limpia la cara, para lo que pide al caracol unas cuantas babas.

     Que pesada eres. ¡Llegaremos tarde!grita el caracol mientras le suelta las babas–

     No seas quejica que hay tiempo de sobra. Y ten cuidado que me has bañado. Sólo necesito una baba, no una catara  contesta la lombriz casi ahogada entre tanta baba– 

     Hoy es un día especial en aquel lugar, la pasada noche cayó la primera lluvia de primavera y la lombriz y el caracol han quedado con otros amigos para ir al prado a comer. La hierba empieza a crecer y sus tiernos tallos recién despuntados son un manjar muy apreciado al inicio de la estación.

     ¿Estás lista?pregunta el caracol–

     No sólo lo estoy, sino que además, lo soyresponde la lombriz orgullosa del brillo que su estilizado cuerpo desprende–

     ¡Presuntuosa!murmura el caracol–

     ¿Decías algo? Habla más alto que no se te oye –replica ella

     ¿Podemos irnos? –vuelve a preguntar el caracol–

     Cuando quieras, yo hace rato que estoy a puntoresponde altanera la lombriz–

     Los dos emprenden la marcha hacia el prado. Delante, el caracol, dejando sobre la tierra un camino de babas por el que la lombriz se desliza sin esfuerzo.

     ¿Quién más viene?pregunta la lombriz–

     Supongo que todos, como siempreresponde el caracol sin ni siquiera volverse–

     ¿Mariquita también?

     Supongo.

     ¿Y tus primos? ¿Sabes si vienen?vuelve a preguntar la lombriz.

     El caracol se para y hace una señal a la lombriz para que haga lo mismo. Están al borde del camino que han de cruzar para llegar al prado. Mira a un lado y otro para ver si se acerca algo que pueda perturbar su marcha y tras comprobar que no hay peligro, inicia de nuevo la marcha sobre la tierra húmeda.

     Date prisa no sea que venga uno de esos monstruos mecánicos que usan lo humanos y nos cha…

     ¡Cuidadoo! –grita la lombriz enrollándose sobre si misma para protegerse–

     Con la cabeza oculta en el anillo de su cuerpo, la lombriz oye el crujido de la concha del caracol al ser chafado contra la tierra del camino. El pobre, ni tiempo ha tenido de finalizar la frase. El negro neumático del tractor pasa sobre él sin darle tiempo a reaccionar y, sin compasión, lo aplasta dejándolo muerto sobre el camino.

     La lombriz aterrada lo mira y sin más continua su caminar hacia el otro lado del camino, no sin antes despedirse de su viejo amigo.

     Adiós caracol –le dice al pasar junto a lo que queda de él–.      

  

                                                           F  I  N

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07/05/2008 19:04 Autor: pepecobodice. #. Tema: Narraciones Hay 1 comentario.

La última cita

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     Cabía la posibilidad de que ella decidiera dejarlo para siempre. También era posible que en su decisión dejara una puerta abierta, una pequeña esquirla de esperanza por si él decidía, a su vez, cambiar. En cualquier caso, y pasase lo que pasase durante el encuentro que esa tarde iban a mantener, ella se reservaba una carta en la manga por si en última instancia tenía que usarla.

     Cuando llegó tuvo la sensación de que el viaje había sido en balde, intuyó que todo lo que él le había dicho por teléfono, cuando con voz apenada le suplicó que fuese, era pura verborrea. Que nada de lo dicho era verdad o, al menos, no en el sentido que él quería darle y que ella, en su ingenuidad, había creído. El lugar no tenía nada que ver con el que años atrás, cuando era joven, consideró su particular nido de amor, donde tuvo los encuentros clandestinos con su amado. La habitación, de un hostal en un pueblecito costero, seguía allí, igual de indecorosa, con los mismos muebles, el mismo suelo, la misma pintura en las paredes, el mismo cuadro sobre la cabecera de la cama y la misma ducha goteando, pero más vieja y, por ello, triste y deprimente. Sus paredes rezumaban humedad y la pintura, verde manzana como le gustaba a ella, mas bien parecía cubierta de moho. Ni siquiera la iluminación era la misma, la ventana entreabierta, con la cortina de tela casi transparente de vieja, apenas dejaba pasar un resplandor apagado, difuminado por la presencia, al otro lado del estrecho callejón, de un edificio de apartamentos. “Hasta la luz nos han quitado” –murmuró–.

     Sentada sobre la cama recorrió con la vista la habitación y en el trayecto por las paredes, el techo y el suelo, su mente fue recuperando retazos de un pasado que no por lejano tenía olvidado. Su garganta reseca suplicaba un trago, mas que nada para volver a saborear lo que los recuerdos le hacían sentir. Su mirada apagada hacía un esfuerzo por ver, no la decadencia de un lugar que en definitiva era el reflejo su propia decadencia, sino lo que un día fue, lo que un día vivió allí. Su respiración cansina, casi enferma, fluía lenta como si esa fuera la última oportunidad. Sentada en aquella cama, sobre la colcha gastada, esperaba la llegada de quien en tiempos fue su amado. Con la impaciencia propia de una adolescente contaba los minutos, esperando el ansiado instante en que él apareciera, como los Ángeles en las estampas que de niña le daba su abuela, por la puerta de aquella destartalada habitación.

     Ella sabia que él no iría, lo supo siempre, pero conservó intacta la esperanza, porque eso era lo único que le quedaba. Su vida fue una continua espera, llena de esperanza, pero espera la fin y al cabo. Por eso aquel día, como había hecho los últimos veinte años, acudió a la habitación número seis de aquel hostal, sólo que en esa ocasión, lo hizo por diferente razón.

     Entre el gentío que se agolpaba al otro lado de la calle, ella miraba, con lágrimas en los ojos, cómo el viejo edificio se consumía bajo las llamas. Cómo el fuego devoraba al único testigo de su larga historia de amor. Y, como quien observa los últimos vestigios de una vida atormentada, vio pasar los fantasmas de un pasado doloroso, alejándose de ella rugiendo con rencor por haber sido capaz de romper la atadura que, desde aquel lejano día en que lo vio por primera vez, la encadenó para siempre.

     Con expresión triste pero corazón alegre se alejó de allí. Sabiendo que nunca más volvería a ese lugar. Y sorprendida por haber sido capaz de usar la carta que, con gran acierto, se guardó en la manga.

 

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09/05/2008 22:43 Autor: pepecobodice. #. Tema: Narraciones Hay 1 comentario.

El torbellino sigue

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      El torbellino sigue creciendo. Igual que el ciclón sigue su camino arrollando todo lo que encuentra a su paso, sin detenerse a pensar si hace bien o mal –entre otras cosas porque no piensa–, pero seguro de que lo que hace le beneficia porque aumenta su poder. El invento del Chiki Chiki sigue el suyo absorbiendo en su despropósito todo cuanto se le pone a tiro.

     Unas polémicas declaraciones sobre la compra de votos a favor de Massiel puestas con calzador en un documental sobre mayo de 68. Un avance de dichas declaraciones estratégicamente colocadas en ciertos programas de televisión. La reacción airada y no menos interesada de la protagonista, que a renglón seguido se pasea por los mismos programas para, haciéndose la mártir, torear a los periodistas que ante ella pretendían ponerla en evidencia –las palabras de la cantante al presentador de uno de esos programas al finalizar su intervención de casi dos horas diciéndole: “La habéis cagado”, es bastante ilustrativa–. Y la, hasta ahora, gran hazaña de El Terrat –dueño del personaje– haciendo entrega al mismísimo Papa de Roma Benedicto XVI en su audiencia de los miércoles de una copia de Luciana –la guitarra de plástico que el personaje utiliza en su interpretación– a manos de una pareja de recién casados, que naturalmente habrá recibido una sustanciosa aunque, es de suponer, poco generosa, gratificación económica. Son sólo una muestra de lo que los directivos de esa productora están dispuestos a hacer.

     El Terrat y Andreu Buenafuente, su cabeza mas visible pero no la única, saben que han dado con un filón, de los que resulta difícil hallar y aún más conservar, que llenará sus arcas mas allá de la polémica desatada por la idoneidad de que ese personaje represente a la TV pública en un festival que, hace años, va a la deriva. Y no podía ser de otra forma teniendo en cuenta que las mismas televisiones que lo hacen posible, no es que vayan a la deriva, es que van en caída libre al tortazo seguro con la programación que hacen. Conocedores de la maleabilidad de los teleespectadores y sabedores de que lo que mas les entusiasma es creerse que participan en el espectáculo, aunque sólo sea por medio de lo que han dado en llamar televisión interactiva, donde con sólo marcar un número de teléfono o enviar un sms, que naturalmente les cobran, pueden participar e incluso decidir sobre temas intrascendentes, los cerebros de la productora pusieron en marcha la mayor campaña de marketing vista hasta la fecha en este país.

     Colocaron a disposición de los teleespectadores un personaje simpático que canta una canción intrascendente pero pegadiza y abrieron los teléfonos para que votasen. Después todo vino por sí solo y, al igual que la bola de nieve crece en su imparable descenso por la blanca ladera, el fenómeno Chikilicuatre va engordando y con él las cuentas de la productora que en un desmesurado afán por acaparar más, despliega todos sus efectivos para hacerlo posible.

     La incógnita es qué sucederá una vez pase el tan manido festival. Como ocurrió hace unos años con el Koala, seguramente apuraran todos los cartuchos y después el actor se quitará el disfraz, lo dejará arrinconado en el desván y seguirá con su vida. Para entonces es posible que esa productora, u otra, haya creado otro personaje que tome el testigo. Porque, mientras haya espectadores dispuestos a tragar, habrá listillos dispuestos a saciar su apetito.

 

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13/05/2008 19:30 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones No hay comentarios. Comentar.

El soufflé se desinfla

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Terrina de almendra tierna y trufa negra con brocheta de chipirones (El Bulli 1991)

Santi Santamaria se divorcia de los chefs con un libro crudo

   

     

     La idílica camarería entre los cocineros españoles ha saltado por los aires. La tan apreciada cocina tecnológica ha sido puesta en entredicho por un cocinero que tiene nada menos que tres estrellas Michelín. Santi Santamaria ha dicho, en voz alta y para que lo oiga quien quiera oírlo en cualquier parte del mundo, lo que piensa de la tan famosa y elevada cocina de su colega Ferran Adrià, por el que dice sentir un enorme respeto. Ha dicho lo que piensa, y no de ahora sino de siempre, de la desmesurada mediatización de algunos cocineros y de su cocina elaborada con productos y métodos poco ortodoxos pero con gran estruendo publicitario. El chef de Can Fabes no exagera, si acaso, sorprende por lo novedoso que resulta que alguien del gremio rompa esa especie de pacto de silencio que parecen haber suscrito todos ellos y bajo el que se resguardan para tener su espacio en la foto de los mejores del mundo.

     Muchos dirán que por fin alguien se atreve a decir las cosas por su nombre, y a plantar cara a tanta papanatada escondida detrás de espumas y esferificaciones de platos de toda la vida. Otros, en cambio, dirán que Santamaria se muere de envidia por no haber alcanzado el reconocimiento mundial de su colega y respetado Adrià. Y la gran mayoría nos seguiremos preguntando si la tortilla de patatas está más  buena como se ha hecho toda la vida o deconstruida y en copa.

     Lo que si es seguro es que sus opiniones volcadas en el ensayo La cocina al desnudo, que le ha valido el premio Temas de Hoy, será el pistoletazo de salida para que, los que hasta ahora no se atrevían –por miedo a ser tachados de antiguos– a criticar los inventos culinarios modernos y a sus autores, consideren abierta la veda y se despachen a gusto. Serán muchos, cocineros incluidos, los que a partir de ahora se atreverán a cuestionar las prácticas culinarias del entronizado Ferrán Adrià. Y lo que hasta hoy se consideraba imaginación desbordante en la confección de un plato, mañana puede ser vista como una tomadura de pelo.

     Pero lo preocupante de todo esto es que Santamaria diga que Adrià cocina con productos que pueden perjudicar la salud. Esto no es sólo decir algo, es acusar directamente a un colega de atentar contra la salud de los comensales y por ello, muy grave. Puede incluso desencadenar una investigación sanitaria. En este país no faltan defensores de causas perdidas que, escudándose en una supuesta defensa del consumidor, pretendan sentar al mejor cocinero del mundo en el banquillo, sólo por el placer de humillarlo. Puede parecer exagerado, pero tiempo al tiempo, la envidia es mala consejera y aquí nos valemos solos para lanzar a los leones a alguien que previamente hemos encumbrado a lo mas alto con todos los honores.

     Aunque, a lo mejor, todo queda en una sutil campaña publicitaria. Al menos eso nos puede llevar a pensar al oír a Juan José Millás –miembro del jurado– cuando dijo: “Rompe el pacto de silencio que parece que hay entre los grandes chefs, lo que le da un morbo pertinente a la obra".


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14/05/2008 19:12 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones No hay comentarios. Comentar.

Las mascaras caen

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“El diputado Gustavo de Arístegui retó a sus compañeros de partido que en los "cenáculos cobardones hablan de unos y de otros" y "critican" a Rajoy a que, "si tienen narices", hablen en los medios de comunicación. Jaime Mayor evitó hacer declaraciones y suspendió una rueda de prensa en Bruselas” (El País 15/05/2008)

 

     Las mascaras caen dejando los rostros al descubierto, exponiendo a la luz de las candilejas las verdaderas intenciones de cada cual. Ya no valen disimulos, ni palabras de aliento falsas, tampoco declaraciones taimadas, dichas con la boca medio cerrada, para que no se escape el exabrupto que los delataría. A medida que se acerca el día, los que se consideran algo y también lo que lo son, toman posiciones, realizan contactos y sueltan rumores sobre este y aquel. Hacen insinuaciones y esperan la reacción de a quienes van dirigidas. Los voceros se hacen eco de lo que se cuece en la trastienda y asumen el papel de corre ve y dile dosificando y manipulando el discurso, esparciendo por las ondas, el papel y la red bochornosos sermones de tenebrosa sacristía, mintiendo sobre unos, adulando a otros y amenazando a todos. Erigiéndose en únicos y sagrados maestros de ceremonias tratando de imponer su criterio y el de los que, por encima de ellos, dictan lo que está bien.

     Unos toman posiciones, otros las abandonan, y los aspirantes al puesto, aun no desocupado, cruzan la delgada línea que los separa. Mostrando las garras al contrincante. Olvidando tiempos pasados, promesas hechas y no cumplidas, compromisos adquiridos y luego olvidados. Santón de supuesta trayectoria intachable manda a su pupila en avanzadilla guerrera contra el que manda, recibiendo de inmediato el halago de los que como él añoran tiempos pasados. La esposa fiel sale a la palestra animando a la que se retracta, apoyando a su mentor y, como no, renegando del que un día fue elegido por el dedo poderoso de su esposo. Buitres y pajarracos de mal agüero, sedientos de poder, deseosos de mandar, defensores de sotanas y educación religiosa, represores de ideas y pensamientos, tratan de imponer su voluntad, de perpetuar su presencia y anular la de los demás. Defensores de una sola patria, grande y libre, enemigos de nacionalistas, izquierdistas, homosexuales e intelectuales. Lideres y lideresas de derechas, de mucho mas allá, rozando el extremo donde las ideas se confunden creando peligrosos fantasmas que nos horrorizan.

     Las mascaras caen y con ellas las formas. Ya no hay retorno. Cada cual está donde quiere, donde cree que debe, o, donde le interesa estar. Con las mascaras en el suelo ellos y ellas vociferan su desacuerdo con los cambios que su presidente acomete. Dejándolos a un lado, alejándose de la pesada carga ideológica de su antecesor, su nombrador, su padrino, y ahora también, su mayor detractor. Con las mascaras en el suelo, desenmascarados y libres de ataduras, muestran sus cartas esperando ser ellos los que, después del congreso de junio, presidan el PP.

 

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15/05/2008 20:01 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones Hay 1 comentario.

Vio entonces una mirada compasiva

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Unos 200 niños polacos de un campo de refugiados austriaco llegaron en 1946 a Barcelona en una operación de la Cruz Roja. Eran niños rubios "de aspecto germano" robados por los nazis o fruto de experimentos para crear la superraza aria.” (El País 11/05/2008)

      Sentía su mirada clavada en él como afilados estiletes, los ojos le brillaban y desprendían un fulgor que le incomodaba, era una mezcla de desprecio y ausencia, como cuando uno muestra poco interés por lo que ve, sólo que en él, ese desinterés significaba mucho más.

     El adulto no entendía que un adolescente, apenas un niño, pudiera mirar de esa forma, con esa mirada turbia, fría, con ausencia total de sentimiento. Lo examinaba buscando en él los motivos por los que permanecía ahí parado, quieto, prácticamente sin mover un músculo ni parpadear desde que entró. Todo su cuerpo en tensión, esperando el momento, pero ¿qué momento?, en que pudiera moverse o decir algo. Delgado, demasiado para su edad –pensó el adulto–, demacrado y sin pelo. Porque no tenía pelo, no, no es que lo tuviese cortado al cero, era sencillamente que no tenía, que le había caído.

     El adolescente, o niño, daba igual porque después de todo era tan vulnerable como un recién nacido, no dijo nada, sólo esperó y escuchó y, aunque parecía ausente, oyó muy bien lo que el adulto dijo, y respondió, solo y a lo que se le preguntó, con  monosílabos y poco más, ahorrando palabras y esfuerzo, como si fuese inútil dar una explicación más allá de cuatro o cinco vocablos. Dando por hecho que quien preguntaba se había de conformar con respuestas concisas, sin florituras, como si no hubiera tiempo para demostraciones oratorias. Porque en realidad tiempo era lo que no había, lo que le faltó siempre. De niño no lo tuvo ni para conocer a su padre. Después, cuando apenas empezó a caminar, le faltó para seguir junto a su madre. Y más tarde, en aquella casa, con otros padres que él supo siempre no eran los suyos, porque no podían serlo tratándolo como lo hacían. El maldito tiempo, que pasa si detenerse, sin darle la oportunidad de quedarse, de hacerse del lugar donde está, de entablar relaciones duraderas con los demás. Allí de pie, ante el adulto que lo observaba, le preguntaba y escrutaba buscando en su interior la respuesta capaz de explicar la situación, el adolescente esperaba.

     Con los brazos caídos a ambos lados, el cuerpo ligeramente desgarbado, cansado, parecía no tener prisa por salir de allí, o si la tenía, si sentía la mínima inquietud por abandonar aquel lugar, salir de aquel despacho para volver con los otros niños, sus compañeros y amigos, su única familia desde que fue abandonado a su suerte, supo ocultarlo muy bien. Desde luego que practica no le faltaba. Tuvo que aprender a disimular, a tragarse el orgullo, a mentir incluso para poder sobrevivir. Cuando uno es arrebatado de los brazos de su madre, entregado a unos padres que no lo son y abandonado en un campo de entrenamiento militar, no le queda mas remedio que aprender a marchas forzadas técnicas de supervivencia.

     Cuando el adulto le dijo al fin que podía retirarse, que podía ir con sus compañeros, el adolescente lo miró directamente a los ojos. Su mirada desafiante y turbadora se encontró entonces con otra comprensiva y afectiva, el rostro del adulto mostró unos rasgos menos rudos y él comprendió que allí todo sería diferente. Unas diminutas gotas se abrieron paso entre los lagrimales secos del adolescente, el doctor le dijo entonces: “Anda, ve a jugar con tus compañeros”.

 

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16/05/2008 20:04 Autor: pepecobodice. #. Tema: Narraciones No hay comentarios. Comentar.

Zoo humano para turistas

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Tailandia crea un "zoo humano" para turistas

Se trata de un poblado al que se entra pagando en el que hay mujeres que llevan pesados aros de latón que les dilatan el cuello. (La Vanguardia 19/05/2008).

 

 

    

     En la sociedad en que vivimos, donde todo se valora en función del beneficio económico que nos reporta, no es extraño que se hagan aberraciones como la que describe la noticia publicada ayer en La Vanguardia.

     Hacer zoos humanos para deleite de los turistas tampoco es nada nuevo. Si acaso, lo es el tratamiento que se da a las piezas que se exhiben en ellos. La proliferación de parques temáticos por todo el planeta es un ejemplo de ello. Y, sin ir tan lejos, aquí tenemos unos cuantos donde se exhiben costumbres y folclore de culturas lejanas, como se exhiben los monos y demás animales en un zoo al estilo clásico. O, el famoso Pueblo Español de Barcelona, donde, hombre y mujeres vestidos con trajes regionales, hacían –desconozco si se siguen haciendo– exhibiciones sobre oficios desaparecidos de todo el país.

     La diferencia estriba en que mientras en estos parques temáticos se nos vende el producto como algo lúdico, donde unos actores interpretan danzas y ritos desaparecidos o en fase de desaparecer. En el de Tailandia no son actores, sino personas normales que siguiendo también unos ritos antiquísimos, han deformado sus cuellos a base de ponerse aros de metal y ahora los exhiben para solaz distracción de los turistas que visitan el país. 

     Siendo como es una aberración para las personas que han sido recluidas en esos poblados, que por cierto son de un grupo étnico de Myanmar (ex Birmania). Lo es aún más por haber sido creados para complacer el morbo y la malsana necesidad de experiencias fuertes de los turistas. Si estos no acudieran y pagaran los 7.7 dólares que cuesta la entrada, estos poblados no tendrían razón de ser.

     Como siempre, nos encontramos ante el dilema de dar aquello que se demanda. Y está claro que los turistas que acuden a ese país demandan, cada vez más, cosas que rompan los esquemas y distracciones que sobrepasen los límites establecidos. Eso lo saben muy bien las autoridades tailandesas que, con tal de mantener y aumentar la industria turística, no dudan en ofrecer cualquier cosa. En definitiva, nada que no se haga aquí. Cada cual defiende sus intereses y su gallina de los huevos de oro. Y si el ayuntamiento de Barcelona –por ejemplo y salvando las distancias– está dispuesto a sacrificar el bienestar de los vecinos (El 60% de los barceloneses está insatisfecho con los servicios municipales que recibe”) para aumentar el número de visita turísticas. ¿Por qué las autoridades tailandesas no podrían hacer lo mismo?

     El problema es que llega un momento en que perdemos el norte y no somos capaces de ponernos límites. Y llegado ese punto, todo se diluye en el “todo vale”, que se ha convertido en la única ley que somos capaces de aceptar. Dejamos de ser personas para convertirnos en una especie de seres amorfos que sólo entienden de beneficios económicos. Y aunque la excusa siempre es que el bien común –de la comunidad– prevalezca por encima del privado –del personal, del individuo–. Al final y gracias a una delicada filigrana digna de un mago, las autoridades competentes dan una vuelta de tuerca más hasta conseguir que ese bien común sea mas beneficioso para lo privado –empresas turísticas– que para lo público –municipios–.

     Aún así, no deja de ser una aberración el exhibir a esas mujeres, y está bien denunciarlo. Pero también sería interesante conocer su opinión. ¿Alguien se la ha pedido?

 

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20/05/2008 18:13 Autor: pepecobodice. #. Tema: Narraciones No hay comentarios. Comentar.

Espiando que es gerundio

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Un automóvil de Google graba imágenes en la Gran Vía de Barcelona. Foto: RICARD CUGAT

Google saca su cámara por España para capturar la vida a pie de calle (El Periódico de Catalunya 20/05/2008)

 

     

 

     Que tres coches de una empresa privada con cámaras de video instaladas en el techo, se dediquen a grabar la vida cotidiana de una ciudad, puede que sea legal y no represente un problema para las personas que, al estar en los lugares que graban, aparezcan en las imágenes, pero no deja de ser preocupante. De hecho, cientos de cámaras de video graban cada día escenas urbanas: los millones de turistas que pululan por la ciudad, las cámaras de televisión en busca de la noticia, las cámaras de seguridad de entidades publicas y privadas, etc. El que los ciudadanos hayamos aceptado, mas por la vía de hechos consumados que por la aceptación formal y registrada ante notario, esta situación, no quiere decir que sea legal ni que, y sobre todo, que los que de forma casual aparecen en las imágenes autoricen su difusión y utilización sin límite alguno.

     Somos conscientes de que al pasar delante de La Pedrera –pongamos por caso– quedaremos registrados en varios videos y unas cuantas cámaras de fotos de los cientos de turistas que la visitan, y que después, cuando esos turistas enseñen esas fotos y videos a sus amistades, nos verán e incluso seremos objeto de comentarios de todo tipo. De igual forma, sabemos que la cámara de un reportero de TV puede captarnos al pasar junto a alguien al que tratan de cazar, o al participar en una manifestación, o cualquier otro evento. En cuyo caso y con un poco de suerte, conseguiremos vernos por unos instantes cuando la cadena de turno pase la noticia mientras comemos o cenamos y posiblemente sentiremos una especie de orgullo por salir en la tele.

     En cualquier caso, y aún siendo como es una utilización de nuestra imagen sin consentimiento previo, no nos sentimos amenazados. Porque damos por sentado que no será utilizada mas allá del circulo familiar del turista o, tratándose de prensa y TV, de la noticia concreta y sin implicación para nosotros. Aun así, casos se han dado en que se han utilizado esas imágenes para otros fines y en los que la justicia ha tenido que intervenir.

     Pero de lo que se trata ahora es diferente, las imágenes grabadas por estos coches tienen un destino bien distinto a las tomadas por los turistas o reporteros. Esas imágenes las utilizará Google, que es quien las ha encargado, para ponerlas en el polémico Street View, la aplicación que permite ver fotografías de las calles, edificios y personas que estaban allí, tal vez haciendo algo que no quieren que se sepa, en el momento de ser grabadas. Y esa aplicación, que forma parte de Google Map –un atlas virtual–, estará disponible para todo el mundo en Internet. ¡Con esto está dicho todo!

     Lo sorprendente de este asunto es que en un país donde está vigente la Ley de Protección de Datos (LPD), unos coches no identificados –sólo llevan un pequeño distintivo de la compañía– se dediquen a tomar imágenes de las principales ciudades sin que ninguna autoridad intervenga, ¿o sí lo han hecho, para autorizarlos? Es evidente que estos grabadores de la vida cotidiana están infringiendo artículos de la LPD y que además, cuando esas imágenes se publiquen en Internet, la empresa responsable estará vulnerando derechos fundamentales del ciudadano. Por eso causa estupor comprobar la impunidad –¿o hemos de decir inmunidad?– con la que recorren las calles grabando lo que hacemos los ciudadanos.

     Resulta paradójica la actitud del conductor de uno de esos coches al defender su derecho a no ser fotografiado por el fotógrafo de un diario, mientras él grababa a los que pasaban ante su cámara.

     La Agencia Europea de Protección de Datos se ha visto obligada a advertir a Google que la toma indiscriminada de imágenes puede tener graves consecuencias. La poderosa compañía se ha limitado a responder que los rostros de las personas serán difuminados. ¿Quién se lo cree?  

 

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20/05/2008 18:32 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones No hay comentarios. Comentar.

Acción, reacción

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     Todo sucedió tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar. Sus ojos vieron acercarse con una inusitada rapidez la mano pero su cerebro fue incapaz de detectar a tiempo la amenaza que se cernía sobre él y cuando lo hizo ya era demasiado tarde. El guantazo que recibió en la mejilla izquierda fue la respuesta que ella le dio a la petición que él le acababa de hacer. Sorprendido y con la cara dolorida, se quedó mirando como un papanata mientras se llevaba su mano a la mejilla enrojecida por el tortazo.

     No hubo cruce de palabras ni reproches entre la petición de él y la respuesta de ella, clara y contundente, que él aceptó sin rechistar. El efecto de la reacción –de él al recibir el tortazo– ante la acción –de ella al dárselo– fue de desconcierto y sobre todo incredulidad ante lo que acababa de acontecer. En su fuero interno él no esperaba que ella actuara así y al hacerlo lo dejó fuera de juego. Le hizo perder el sentido de las cosas que, desde su perspectiva machista, tenía. Dejándolo del todo perdido y abrumado ante la posibilidad de tener que hacer un nuevo planteamiento de la relación entre hombre y mujer.

     Él sentía vergüenza por la humillación que el guantazo representaba a vista de los demás. Sobre todo, ante los amigos que, al igual que él, consideraban la supremacía del hombre sobre la mujer un hecho incuestionable. Pero lo que mas le desconcertó fue su nula reacción ante la agresión sufrida y su falta de respuesta. El no devolver el golpe a su agresora, ni siquiera como reacción defensiva, y quedar, en cambio, perplejo y sumido en una profunda confusión, le obligó a reconsiderar, si no toda, si gran parte, de su percepción sobre los roles de hombres y mujeres en la sociedad.

     Para ella, en cambio, fue como una liberación. Ser capaz de responder sin explicaciones ni concesiones de ningún tipo, sólo como en ese instante le pedía el cuerpo, ante lo que ella consideró una agresión a su dignidad como mujer, la llenaba de orgullo y hacía sentir mas persona que nunca. Aunque, también es verdad, tras la euforia inicial y al ver la mejilla enrojecida de él, sintió una extraña sensación de culpabilidad que estuvo a punto de tirar por tierra el espacio que, como mujer, acababa de conquistar. Por unos instantes tuvo la irreprimible necesidad de pedir disculpas y obsequiar a su amado con una caricia en la mejilla herida. Pero su orgullo, enaltecido por la ofensa recibida, se lo impidió, evitando de ese modo mostrar su debilidad que le habría dado a él la oportunidad de restablecer su estatus de dominador frente al de dominada de ella, rechazando enérgicamente tanto el perdón como la caricia reconciliadora.

     Y así fue como ella consiguió hacerse respetar, sabiendo ocultar sus verdaderos sentimientos en el momento más crucial. Pero sobre todo, mostrando su firmeza y  determinación ante la ofensiva petición de él.

   

     Nota de autor: Del mismo modo que el hombre no es mas hombre por utilizar la violencia contra la mujer, tampoco es ella mas mujer por utilizarla contra él. Los roles en esta historia pueden ser perfectamente intercambiables, por desgracia la violencia no es patrimonio de un solo género –hombre o mujer–. Pero sí es cierto que, en el 99 % de los casos, el agresor es el hombre. 

     Esta historia sólo pretende mostrar que ante una agresión, sea quien sea uno y otro, hay que reaccionar parando los pies al agresor. De lo contrario se puede estar en el inicio de un ritual, macabro y sórdido, donde dar y recibir se convierte en una peligrosa rutina cuyo final será aumentar el número de victimas de lo que llamamos violencia de genero que, en lo que va de año, ya son 24.

 

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21/05/2008 18:23 Autor: pepecobodice. #. Tema: Narraciones No hay comentarios. Comentar.

Ángeles y demonios, de la candidez a la crueldad en un abrir y cerrar de ojos

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      El informe policial finalizaba con una frase demoledora que resumía con suficiente claridad lo sucedido: “Los niños tan pronto pueden ser "ángeles" como convertirse en "auténticos demonios"”. Los niños a los que se refería el informe eran dos hermanos de siete y nueve años que habían torturado y matado a un bebé de dos años. Conceptos como: “larga agonía”, refiriéndose a la victima, “fueron fríos y de alguna manera les dio placer”, sobre los torturadores, y “conmocionante y durísimo”, referido al relato de los dos hermanos. Salpicaban el informe de la declaración de los dos menores sobre lo que hicieron aquel domingo. Relato que provocó un intenso escalofrío seguido de una turbadora sensación de ahogo en quienes lo leyeron.

    

     Los niños son crueles por naturaleza. Su propia inocencia los hace así. Su desconocimiento, o, mejor dicho, su visión simple y con una perspectiva poco definida de la vida, los hace más proclives a actuar de forma natural, sin cuestionarse la idoneidad de sus actos y si estos cumplen o no normas morales que, por su temprana edad, desconocen o no entienden en su justa medida. Es una crueldad inocente, sin intención de hacer mal, precisamente porque son incapaces de diferenciar el bien del mal.  Pero a medida que el niño crece, y con él la capacidad de discernir, la crueldad evoluciona hacia la responsabilidad de forma proporcional a la adquisición de conocimientos y pérdida de la inocencia. De esta forma el niño madura y se hace mayor, al tiempo que adapta su comportamiento a las nuevas necesidades surgidas del aprendizaje. Pero, precisamente por ser la época en que el niño aprende de todo lo que ve y vive, una educación traumática y negativa condiciona dicho aprendizaje y con él la percepción de la realidad. Intercambiando los valores y haciendo de un niño inocente, un niño, y ahora sí, cruel.

     Por eso, y aunque con siete y nueve años estos hermanos siguen siendo niños, su comportamiento puede ser infinitamente cruel. Y, como dice el informe del caso que nos ocupa, puede llegar a producirles placer.

     El reto aquí es averiguar qué resortes emocionales intervinieron en el comportamiento de los dos hermanos. Qué los empujó a hacerlo. Qué sentimientos los embargó cuando iniciaron el acoso y posterior tortura. Qué sintieron ante las suplicas de la victima. Por qué la mataron. Y sobre todo, qué experimentaron haciendo el mal. Desde una perspectiva religiosa cristiana, la respuesta se intuye: “Están poseídos por el diablo”, es la repetitiva cantinela a la que nos tiene acostumbrado el clero. Esta expresión lo dice todo y al mismo tiempo no dice nada. Evita comprometerse en la búsqueda de respuestas que indudablemente llevaría a un terreno demasiado resbaladizo para la iglesia.

     Desde una óptica puramente humana, las respuestas pueden ser muchas y variadas. Pero hay que buscarlas en el entorno en el que esos niños se han criado, el entorno familiar. Es ahí donde está el quid de la cuestión, donde se inició todo y donde germinó durante nueve años la semilla del mal. Familia desestructurada. Un padre que los deja en la estacada. Una madre abandonada que descarga su frustración sobre los hijos. Unos hijos que aprenden a sobrevivir –y nunca mejor dicho– a la violencia de la madre. Unos niños que experimentan la crueldad humana antes que la bondad. Unos niños, en definitiva, que dan aquello que han recibido.

     El caso de estos menores, convertidos en verdugos de una niña inocente mucho menor que ellos, es un desafortunado reflejo del comportamiento de los adultos. Alumnos aventajados de una educación inexistente y de una enseñanza del comportamiento deformada por la brutalidad de la vida que les ha tocado vivir. Han aprendido, quizás con demasiada rapidez, conductas equivocadas. Cabe preguntarse pues, si son responsables de lo hecho y si esa responsabilidad les hace merecedores del castigo correspondiente. Entendiendo como tal, pagar por el daño causado. O si, por el contrario, habría que dedicar todos los esfuerzos a sacarlos del barrizal en el que les han metido, reeducarlos para en lo posible evitar que acaben siendo carne de cañón, y éste, el primero de una larga lista de asesinatos.

     La sociedad, tan propensa a llevarse las manos a la cabeza y sentirse aterrada cuando lee en la prensa o ve en la TV una noticia de este calibre, tiene la palabra: castigo o educación. Personalmente me inclino por las dos cosas. Castigo para los responsables colaterales de que eso haya ocurrido: instituciones y organizaciones, públicas y privadas, económicas, políticas y religiosas, que se suponen están para que hechos así no ocurran jamás. Y educación para los niños, no sólo para los dos hermanos, verdugos y victimas al mismo tiempo, también para sus hermanos y los millones que, por todo el mundo, viven en situaciones similares.

 

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23/05/2008 18:06 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones No hay comentarios. Comentar.

El regreso de El Coyote, Roberto Alcázar y Pedrin

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     Quitadas las caretas como dije en el anterior artículo, los agitadores están consiguiendo su objetivo. El sumo sacerdote de la tergiversación informativa de El Mundo y su acólito más aventajado, el vocero mayor de La COPE, han puesto toda la carne en el asador para evitar que el PP dé un giro hacia el centro y la cordura. Estos dos personajes de opereta bufa no están dispuestos a que Rajoy deshaga lo que ellos, desde las ondas y la prensa, y unos cuantos más, desde dentro del partido, han  fabricado en los últimos años. Esa especie de monstruo de las cavernas que sólo sabe bramar y dar zarpazos, en que han convertido al PP. Los intentos de Rajoy por dar a su partido un giro a posiciones más democráticas –sin pasarse, todo hay que decirlo– ha puesto en pie de guerra al sector más duro y reaccionario encabezado por Aznar y escoltado por plañideras y mamporreros más preocupados por mantener sus propios privilegios que por hacer un partido fuerte.

 

     La decisión de Rajoy de dialogar más y acordar políticas comunes con el gobierno, ha hecho reaccionar al ya de por si reaccionario sector aznarista que no ha dudado en hacer salir a la palestra a su guardia pretoriana, no tanto para defender sus posiciones, sino más bien para cargar contra el que ya consideran su enemigo público número uno: el presidente del PP y candidato a seguir siéndolo, Mariano Rajoy.

 

     Mayor Oreja, en su papel de máximo valedor de la doctrina aznariana, ha tomado cartas en el asunto haciendo que su pupila María San Gil abra la que ya es considerada, mayor crisis en el PP desde su creación. Ella, que viene perdiendo votos elecciones tras elecciones, no ha dudado en plantar cara a los cambios de su presidente y, aduciendo razones algo confusas, ha dicho que se va. Otro icono del sector aznarabiano, por ser la víctima de ETA que más tiempo estuvo secuestrada, el funcionario de prisiones Ortega Lara, también ha dicho que se va. La marcha de una y otro ha sido utilizada por los aznaristas para provocar la caída de Rajoy convocando concentraciones –mediante los ya famosos mensajes sms del pásalo– en apoyo de ambos ante la sede del partido. La estrategia sutilmente diseñada por el sumo sacerdote de El Mundo y su acólito de la Cope, tras el fracaso del PP en las últimas elecciones, sigue pues su andadura.

 

     Frotándose las manos estarán estos dos tras el griterío orquestado ayer al mediodía ante la sede central del PP. Contentos y orgullosos deben sentirse al comprobar que sus soflamas movilizan a personas, aunque sólo sean doscientas, siempre dispuestas a gritar contra aquellos que ellos les dicen. A estos dos sujetos junto con los Aznar, Mayor Oreja, Rouco Varela, Alcaraz, Aguirre y todos los demás, sólo les interesa que continúe la bronca y el enfrentamiento entre gobierno y oposición, porque esa es su única razón de ser. Porque sólo en un partido así, algunos de ellos, podrán ocupar puestos de dirección, y porque sólo así mantendrán sus privilegios.

 

     Aznar, que dijo que se retiraba de la política nacional, no ha podido callar más y ha vuelto con brío para defender su doctrina ante los que pretenden apartarla. Curiosa la reacción del ex jefe de la manada ante la pretensión de su heredero de independizarse, asumir su obligación e intentar poner en práctica sus propias ideas sobre como dirigir al rebaño. ¿Acaso pretende recuperar lo que cedió?

 

     Impagable la escena de ayer en la calle Génova de Madrid donde los seguidores de los dos bandos del PP se enfrentaron a grito pelado. Ya no se conforman con atacar a ZP, ahora también lo hacen contra ellos mismos.

 

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24/05/2008 19:44 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones No hay comentarios. Comentar.

Los cancerberos de la oscuridad

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     Siguen empeñados en mantener a sus feligreses en la oscuridad de su mensaje apocalíptico. No les permiten ver la luz a no ser que sea la que ‘ellos’ defienden y sólo cuando estén muertos, ir al cielo lo llaman ‘ellos’. Pero mientras tanto, aquí en la tierra los condenan a vivir en pena, siempre arrepintiéndose de ser lo que son. Porque, como dicen ‘ellos’, son hijos del pecado. Porque pecado es follar, que hoy por hoy es la única manera de nacer, excepto claro, los que lo hacen mediante inseminación artificial, que para ‘ellos’ son aún más pecado por ser una forma aberrante de dar la vida.

     Siguen emperrados en hacer la vida imposible, no sólo a los creyentes, también al resto de la humanidad. Se atreven a decir quiénes y cómo deben gobernar, quiénes pueden o no casarse, quiénes tener hijos y cómo educarlos, e incluso pretenden decirnos cuándo y cómo hemos de morir. Su egocentrismo es tal que han llegado a creerse que de verdad son los representantes de su dios en la tierra que, de existir, debe estar horrorizado contemplando, desde donde quieran que estén los dioses, lo que en su nombre hacen.

     Una vez más, ‘ellos’ –los prelados más combativos del clero español– han lanzado sus dardos contra el gobierno socialista salido de las urnas. Pretendiendo deslegitimar lo que la mayoría de los españoles hemos legitimado con nuestro voto. Los monseñores Cañizares y Rouco no han escatimado verborrea manipuladora para, como vienen haciendo desde siempre, confundir a la gente. Frases tan demagogas como: “El gobierno siente una fuerte tentación de declarar la muerte de Dios” y “La Iglesia soporta insultos, ofensas y agravios, en un ambiente de falta de libertad religiosa y de grandes ataques” –esto último a raíz de una representación teatral por las calles de Toledo que indignó a Cañizares–, fueron proclamadas desde los pulpitos por estos dos cardenales durante la celebración del día del Corpus.

     Pero, a pesar de los malos augurios de la jerarquía española, resulta gratificante oír las palabras de otro cardenal. Éste italiano y con más riqueza mental, que se atreve a decir al mismísimo Papa que la iglesia Católica debe reformarse. Mirarse menos el ombligo y ponerse al día en temas tan importantes como el celibato, la ordenación sacerdotal de mujeres, el uso del preservativo, la homosexualidad, el matrimonio entre personas del mismo sexo y, lo que mejor ilustra su clarividencia frente a las mentes obtusas y oscuras de los Cañizares, Roucos y demás purpurados, sus dudas sobre la existencia misma de Dios, sencillamente porque le costaba aceptar que ese dios hiciera “…sufrir a su Hijo en la Cruz”. El cardenal Carlo Maria Martini incluso ha elogiado a Lutero.

     Cara y cruz de una Iglesia incapaz de adaptar su discurso a los tiempos actuales. Pero al mismo tiempo, muy capaz de acoger en su seno las últimas tendencias en moda. Luciendo un fondo de armario que para sí quisieran las modelos más prestigiosas. Un vistazo al despliegue de la indumentaria exhibida por el Papa en su última visita a EEUU da una idea de hasta que punto la máxima autoridad de la Iglesia Católica parece una “Fashion victim”. Zapatos de Prada, capelinas con cuello de piel, impolutas sotanas con abrigo a juego, lujosos báculos con piedras incrustadas, sortijas y cadenas de oro. Son muestras de una ostentación desenfrenada frente al mensaje de sacrificio, humildad y resignación, con el que pretenden reconfortar a los más desfavorecidos, como única posibilidad de alcanzar la vida eterna.

 

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26/05/2008 18:50 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones No hay comentarios. Comentar.

Padules. Un regreso ansiado, largamente aplazado

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     Nada era como recordaba. Intentaba recolocar lo que veía en la imagen congelada de mi memoria como quien monta un puzzle. Las diminutas piezas con los cambios producidos durante mi ausencia buscaban su ubicación correcta en el tablero reemplazando a las antiguas que, desoladas, se veían desplazadas. Esa sensación de despedida, de dejar atrás lo que fue para ser suplido por lo que es, y en ese sustituir, decir adiós a parte de la vida, a parte de uno mismo. Miraba con ojos bien abiertos, para que no se me escapara detalle alguno. Intentando absorber lo poco que quedaba de lo que viví. Intentando regresar a un tiempo que se fue, que se diluyó en la nada como el azucarillo en el café.

 

     Sentía la ingravidez del paso del tiempo y en los restos de lo que hubo encontré la confirmación de lo que un día fue. Me envolvió una sensación de bienestar al comprobar que no todo estaba perdido. Que mi memoria aún era capaz de recordar y mantener intactos lugares, cosas, personas y acontecimientos. Y conforme recorría el lugar acudían a mí hechos, nombres, imágenes, caras y palabras. Vividos, pronunciados, vistas, observadas y oídas mucho tiempo atrás. Regresaban de la profundidad de la memoria para hacerme saber que todo estaba allí, que, a pesar de que ya nada era igual, aquello que fue seguía intacto dentro de mí. Y sentí una enorme emoción al ver, oír y hablar otra vez como entonces.

 

     El recorrido fue corto, apenas un día, pero suficiente para constatar que era real, que no todo fue un sueño, que lo que dejé atrás cuando decidí –¿o fueron otros quienes lo decidieron?– seguir mi vida lejos de allí, era parte de mí y que, aunque nunca jamás regrese a aquel lugar, seguiré perteneciendo a él.

 

     Recuerdos, vivencias, experiencias, despertares, alegrías y temores, decepciones, risas y llantos, tristezas, amores y desamores, deseos, odios, equivocaciones, felicidad en fin, todo tenía cabida en aquel reencuentro. Aquel día fui feliz, recuperé por unas horas los lejanos días de una vida pasada, casi olvidada, pero tan cerca al mismo tiempo que cuando lo pensé sentí vértigo.

 

     Asomado al tajo noté el aire azotar mi cara y, como si estuviera sumergido en un sueño, oí el griterío de los niños, me vi junto a ellos correr y jugar en las eras. Sentí el escalofrío del agua helada de la balsa del Faraite, cuando en las calurosas tardes de domingo, de veranos interminables, nos bañábamos en ella.

 

     Recuperé, aunque sólo por unos instantes, la inocencia de aquellos niños que correteaban todo el día por las calles y corralones. Y sentí tristeza, una enorme tristeza, porque aquello jamás volvería. Acariciado por el aire del tajo y arropado por la mujer que amo, hice lo que llevaba años queriendo hacer, vivir, quien sabe si por última vez, el recuerdo de un niño que fue feliz.

 

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27/05/2008 19:20 Autor: pepecobodice. #. Tema: Narraciones No hay comentarios. Comentar.

Motín en la granja de Pin y Pon

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      Un día, los animales de la granja de Pin y Pon, artos de no poder recuperar lo que años atrás los animales de la granja de Za y Pa les ganaron en el juego de La Oca, se propusieron ir a un lugar del que aprender trucos nuevos que le ayudaran a recuperarlo. Pero, el día en que iniciaron los preparativos para tan magna marcha, ocurrió algo inesperado…

 

     El perro le dijo al caballo: “Aparta patoso que quiero pasar”. El caballo le respondió con una patada lanzándolo a varios metros de distancia. “No molestes sarnoso” –le dijo al darle la coz–. La zorra, que como siempre merodeaba por allí, se acercó al dolorido perro y tras reconfortarlo por la ofensa recibida, le ofreció su apoyo para lo que hiciera falta. Poco después llegó la gata del vecino, refinada y perfumada se paseó delante del perro y la zorra escuchando con atención lo que decían. Ellos se la miraron y la invitaron a participar. “Cuantos más seamos, más posibilidades de vencerle tendremos” –dijo la zorra al perro para que aceptara a la gata–. Los tres entablaron una alianza en la que se juraron lealtad para derrocar al tirano. Preparaban el plan de ataque cuando se les acercó el dueño de la gata, un corpulento percherón de poblada melena con aires de bonachón, y les preguntó a qué jugaban. El perro le respondió y le puso al corriente de lo que tramaban, el percherón se apuntó y propuso una nueva estrategia para acabar con el déspota líder.

     Mientras tanto, en el hueco de la ventana del gallinero, la gallina despotricaba a voz en grito contra la maldad del pobre caballo. Dentro del gallinero, el gallo enaltecía los ánimos de gallinas, pollos y conejos que, excitados, iban de un lado a otro alzando la voz contra el opresor. Todo esto ocurría ante el pasmado caballo que los miraba estupefacto sin entender por qué se comportaban así. Él era el jefe porque así lo habían querido ellos después de que al anterior lo nombrara antes de retirarse y, sin embargo, ahora parecía que todos se volvían contra él.

     Todos no, algunos de los animales se posicionaron a su lado ofreciéndole su apoyo e incluso, dando la cara por él ante el grupo de los disidentes. La ardilla, que frecuentaba los alrededores, se le acercó y se ofreció para hacer de portavoz. El hurón también lo apoyó, y de más lejos vinieron el galgo, el lince y el burro que abandonó su hábitat para estar con él. Mientras unos se posicionaban con él y otros en su contra, el búho, que había sido el último en incorporarse a la granja, y precisamente por invitación del caballo, prefirió mantenerse al margen y coquetear con unos y otros. Pero mostrando simpatía por el grupo de los disidentes, mas que nada porque el caballo lo había dejado fuera de los cargos del nuevo comité de dirección.

     El enfrentamiento de los disidentes crecía y el tono de la discusión aumentaba y se agudizaba según se acercaba el gran día. La zorra ya no se escondía, desafiaba al caballo a cara descubierta, aunque para ello eligió a un novato, un grácil ruiseñor que siempre había merodeado junto al caballo y que ese lunes se descolgó con una perorata contra su jefe que sorprendió a todos.

     Pero no fue el único en aparecer, también lo hizo el temible pastor alemán que cuatro años antes lo había dejado todo para iniciar una nueva vida junto a una delicada perrita dálmata. Éste volvió por sus fueros con gran algarabía de la concurrencia que vio en él y sus propuestas una vía para acabar con los delirios de cambio del caballo. Por si eso fuera poco, el viejo jabalí, que siempre había apoyado al caballo, se descolgó proponiendo para jefe al siempre respetado lobo que naturalmente, y como era habitual en él, no dijo nada esperando tal vez que las aguas volvieran a su cauce una vez pasado el ciclón que, inevitablemente, arrastraría al abismo a muchos de ellos.

     A día de hoy, todo lo que se sabe de estos sucesos, es que unos y otros siguen enzarzados en una cada vez más encarnizada reyerta, que, de seguir así, puede acabar muy mal. Y entre tanto sidral, esperan ansiosos a que la voz de quien ostenta el autentico pedigrí de la comunidad, la temible hiena, se haga oír dictando el rumbo ha seguir.

 

     Mientras, los animales de la granja de Za y Pa miran con cara de satisfacción a sus vecinos y no disimulan su felicidad al verlos despellejarse sin piedad entre ellos.   

 

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28/05/2008 19:28 Autor: pepecobodice. #. Tema: Cuentos No hay comentarios. Comentar.

Ixcateco, que significa "personas de algodón"

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     En un mundo global, de ideas y comportamientos uniformes. Donde todo se rige por normas estandarizadas, basadas en valores puramente mercantiles y los beneficios han de ser rápidos y abultados. Un mundo donde se confunde lo urgente con lo importante, donde no se sabe diferenciar lo necesario de lo superfluo, donde vivimos más deprisa de lo que nuestro organismo es capaz de soportar, y engullimos, sin dar tiempo a asimilar, todo lo que encontramos en el vertiginoso viaje a ninguna parte en que hemos convertido nuestras vidas. Resulta gratificante leer un día, en un periódico cualquiera, que en un lugar de ese mundo desaforado, alguien intenta conservar una lengua que sólo la hablan ocho personas.

 

     Y uno se detiene ante esa noticia, y se entretiene en leerla, y al hacerlo, siente que el mundo se para. Por unos instantes incluso me siento transportado a ese rincón de México, porque es allí donde se habla el xwja o ixcateco, en Santa María Ixcatlán, un pequeño pueblo del Estado de Oaxaca. Al ver la foto que ilustra la noticia, me imagino a esas personas y las veo sentadas bajo la sombra de un árbol milenario, hablando de sus cosas, en su lengua que nadie mas entiende. Y veo sus caras de piel madura, surcadas por arrugas esculpidas a lo largo de una vida de trabajo y sacrificios. Y me acuerdo entonces de doña Rosa, una “viejita” de San Bartolo de Coyotepec en ese mismo estado, que hacía piezas de cerámica negra. Piezas que, en el verano de hace ya casi treinta años, fuimos expresamente a comprar a su taller, cuando un grupo de amigos viajamos por México.

 

     Leyendo la noticia descubro que el xwja es una de las 23 lenguas ind&