El torbellino sigue

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      El torbellino sigue creciendo. Igual que el ciclón sigue su camino arrollando todo lo que encuentra a su paso, sin detenerse a pensar si hace bien o mal –entre otras cosas porque no piensa–, pero seguro de que lo que hace le beneficia porque aumenta su poder. El invento del Chiki Chiki sigue el suyo absorbiendo en su despropósito todo cuanto se le pone a tiro.

     Unas polémicas declaraciones sobre la compra de votos a favor de Massiel puestas con calzador en un documental sobre mayo de 68. Un avance de dichas declaraciones estratégicamente colocadas en ciertos programas de televisión. La reacción airada y no menos interesada de la protagonista, que a renglón seguido se pasea por los mismos programas para, haciéndose la mártir, torear a los periodistas que ante ella pretendían ponerla en evidencia –las palabras de la cantante al presentador de uno de esos programas al finalizar su intervención de casi dos horas diciéndole: “La habéis cagado”, es bastante ilustrativa–. Y la, hasta ahora, gran hazaña de El Terrat –dueño del personaje– haciendo entrega al mismísimo Papa de Roma Benedicto XVI en su audiencia de los miércoles de una copia de Luciana –la guitarra de plástico que el personaje utiliza en su interpretación– a manos de una pareja de recién casados, que naturalmente habrá recibido una sustanciosa aunque, es de suponer, poco generosa, gratificación económica. Son sólo una muestra de lo que los directivos de esa productora están dispuestos a hacer.

     El Terrat y Andreu Buenafuente, su cabeza mas visible pero no la única, saben que han dado con un filón, de los que resulta difícil hallar y aún más conservar, que llenará sus arcas mas allá de la polémica desatada por la idoneidad de que ese personaje represente a la TV pública en un festival que, hace años, va a la deriva. Y no podía ser de otra forma teniendo en cuenta que las mismas televisiones que lo hacen posible, no es que vayan a la deriva, es que van en caída libre al tortazo seguro con la programación que hacen. Conocedores de la maleabilidad de los teleespectadores y sabedores de que lo que mas les entusiasma es creerse que participan en el espectáculo, aunque sólo sea por medio de lo que han dado en llamar televisión interactiva, donde con sólo marcar un número de teléfono o enviar un sms, que naturalmente les cobran, pueden participar e incluso decidir sobre temas intrascendentes, los cerebros de la productora pusieron en marcha la mayor campaña de marketing vista hasta la fecha en este país.

     Colocaron a disposición de los teleespectadores un personaje simpático que canta una canción intrascendente pero pegadiza y abrieron los teléfonos para que votasen. Después todo vino por sí solo y, al igual que la bola de nieve crece en su imparable descenso por la blanca ladera, el fenómeno Chikilicuatre va engordando y con él las cuentas de la productora que en un desmesurado afán por acaparar más, despliega todos sus efectivos para hacerlo posible.

     La incógnita es qué sucederá una vez pase el tan manido festival. Como ocurrió hace unos años con el Koala, seguramente apuraran todos los cartuchos y después el actor se quitará el disfraz, lo dejará arrinconado en el desván y seguirá con su vida. Para entonces es posible que esa productora, u otra, haya creado otro personaje que tome el testigo. Porque, mientras haya espectadores dispuestos a tragar, habrá listillos dispuestos a saciar su apetito.

 

© PCB

13/05/2008 19:30

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