Eruditas de la vida social, entrañables chismosas

     Sabían vida y milagros de reyes, reinas, príncipes y princesas. Conocían las últimas tendencias en moda, lo que se llevaba y lo que ya no era moderno. Estaban informadas de todo cuanto ocurría en el mundo del corazón y del artisteo. Eran devoradoras incansables de las revistas de cotilleo, que nada tenían que ver con las de ahora excepto la cabecera de algunas de ellas. No se perdían ni una Reina por un Día, Noches del Sábado y otros programas de variedades y de moda que la TV de entonces, la única que había, programaba. Eran unas expertas en el cotilleo global –concepto entonces desconocido–. Y, lo más asombroso, lo eran sin salir de aquel encantador pueblo de apenas unos centenares de habitantes. Estaban al tanto de todo lo relacionado con la realeza y conocían, como si las trataran cada día, a las Fabiolas, Graces, Faras, Jaquelines y toda la nómina de reinas y princesas que por aquellos años, los sesenta del siglo pasado, poblaban la tierra. Sus conocimientos les permitían recitar de carrerilla y sin equivocarse las diferentes dinastías reinantes entonces. Pero ¿podrían haber hecho lo mismo con las reinantes en la edad media? Se sabían vida y milagros, no sólo de reyes y  reinas, también de artistas, toreros, folklóricas y gentes de la aristocracia, que eran los que entonces copaban las portadas y páginas de las revistas del corazón, de hecho eran los únicos que aparecían. Eran otros tiempos, la democracia aún estaba lejos y nadie se podía imaginar que, un día, esas mismas portadas serían ocupadas por Belenes y Jesulines, Aramises y Borjas, y toda una nueva clase denominada mediática surgida a la sombra de una sociedad hastiada donde quienes ansían notoriedad no dudan en exponer públicamente sus miserias y las de los que les rodean si con ello obtienen un beneficio económico inmediato.

     Pero no sólo sabían de cotilleos y del corazón, ellas eran más que eso. Conocían los últimos adelantos en utensilios de cocina y todo lo relacionado con la casa, no obstante eran amas de casa, que era lo que, en definitiva, eran todas las mujeres en Padules; con alguna excepción, como la que además era: peluquera, maestra, tendera y me parece que nada más. Sabían de todo y eran expertas en cocina, pero no de la tradicional, que de esa ya lo eran todas las mujeres. Ellas experimentaban nueva cocina o, como se llamaría años después afrancesando el término: nouvelle cuisine. Se atrevían a cocinar platos que en el pueblo eran desconocidos y se vanagloriaban de ser las primeras en hacerlo. Siguiendo las recetas de las revistas que leían, supongo.

     Eran consideradas las cotillas locales y lo cierto es que terminaron por imponer su estilo. Lo que decían sentaba cátedra y la coletilla «Lo ha dicho…» era frecuente cuando se hablaba de famosos. Eran, en fin, una enciclopedia andante de los sucesos mundanos del planeta y todo gracias a la revistas del corazón y la TV. Ellas, como ninguna otra persona, supieron ver, oír y leer todo lo relacionado con el mundo de la farándula y entenderlo; no sólo como simple cotilleo, sino como una forma de vida a la que aportaban, de su propia cosecha, comentarios y reflexiones que los engrandecían. Ahora, desde la distancia de más de cuarenta años, me parece que aquellas dos mujeres –porque eran dos– eran unas eruditas de la vida social y que para ellas aquellas revistas y la TV, que justo empezaba entonces su andadura en aquel pueblo, eran una ventana abierta al mundo por la que se colaban ciertos aires de libertad en aquella época oscura de la dictadura.

     Estaban en todos los guisos y nada se les escapaba. No había suceso local o llegado del exterior al que ellas no aportaran su particular punto de vista. Todo lo sabían y si no, se lo inventaban. El rumor terminaba convertido en noticia por la destreza oratoria de una, o de ambas. Y sucedió que entre ellas surgió una rivalidad que, en cierta manera, enriqueció la noción de cotilleo. Ellas fueron, sin saberlo, una especie de reporteras en Padules, sólo que, en vez de dar a conocer al mundo lo que allí sucedía, daban a conocer allí lo que sucedía en el mundo. Fueron, por así decirlo, las precursoras de las actuales tertulianas de los programas rosa de la TV.

     Quizás exagero, tal vez no fueron como las he retratado, aunque un poco sí. Pero esa es la percepción que conservo de ellas por aquel entonces, y ya se sabe que los niños ven las cosas más grandes de lo que son. Pasaron los años, crecimos, envejecimos y cada cual siguió con su vida. Ellas, supongo, dejaron a un lado a reyes, reinas, toreros, artistas y demás fauna mediática. Pero, aquellas Maria B y Consuelo L metomentodo, quedaron incrustadas en algún lugar de mi memoria y ahí, con todo mi respeto y cariño, quiero que sigan. Porque, junto con otros y otras, fueron parte de un tiempo que se fue, en un lugar que sigue estando.

     Vosotros, paulencos y paulencas que vivisteis aquello, quizá recordéis de quien hablo.

 

© PCB

Etiquetas: ,

06/11/2009 19:30 Autor: pepecobodice. #. Tema: Cuentos. No hay comentarios. Comentar.

Honorables presos visitando al juez

20091103185535-caso-pretoria.jpg

     Hay presos honorables, presos mediáticos y presos a secas. Estos últimos pueden ser exhibidos entrando y saliendo de los juzgados esposados, a cara descubierta e incluso con malos modos. Los mediáticos también, pero con un poco de delicadeza y cierto respeto; la fama populista está muy arraigada e incluso crea héroes de pacotilla. Los honorables, en cambio, no sólo no deben ser exhibidos y, si están esposados, menos. Han de ser llevados y sacados, no ya de un simple juzgado sino de la Audiencia Nacional, con toda delicadeza y a ser posible por una puerta a salvo de miradas indiscretas y cámaras impertinentes que puedan mostrarlos al mundo como lo que en realidad son: presuntos chorizos.

 

     Al grupo de los honorables pertenecen los detenidos de la operación Pretoria. Aunque la ley dice que todos somos iguales ante ella y por tanto deberían ser presos a secas, el ser alcalde de un gran pueblo, ex conseller de economía de un gobierno autonómico o ex secretario de la presidencia de esa misma comunidad autónoma, les da el derecho a ser honorables, aún habiendo saqueado las arcas municipales y estafado a miles de ciudadanos, presuntamente claro. Así lo parece a la vista del revuelo armado en ciertos sectores tras mostrar las cadenas de TV las imágenes de esos presos llegando a la Audiencia desde la cárcel. Que el alcalde Bertomeu, el ex conseller Alavedra y el ex secretario Prenafeta, entre otros, lleguen esposados y tengan que identificarse ante la guardia civil para que le hagan entrega de una bolsa de basura con sus pertenencias, puede ser realmente humillante para personas acostumbradas al servilismo de los demás. No digamos ya si esa situación la ven millones de ciudadanos.

 

     Se habla de trato vejatorio y premeditado, como estrategia para ocultar el fracaso del gobierno socialista, al mostrar a los presos en esas circunstancias. Y se apela al derecho a la intimidad para criticar al juez por haberlo permitido, si no alentado. Y eso lo dicen quienes, aun condenando públicamente el proceder de los detenidos, en privado los defienden y les dan su apoyo. No obstante forman parte de familias importantes y respetables, con un pedigrí social que lleva aparejada una honorabilidad, puesta ahora en duda por ellos mismos. Los que levantan su voz contra esa exhibición quizás lo hagan en prevención de futuras experiencias propias. Ya se sabe que donde comen dos comen tres y cuantos más sean los involucrados, más difícil será de aclarar el embrollo.

 

     Pues bien, es conveniente que los ciudadanos de a pie, a los que esos ciudadanos honorables, presuntamente han engañado y robado, les vean entrando a la Audiencia Nacional con la cara baja, las muñecas esposadas y humillados ante un guardia que les pregunta el nombre antes de entregarle una bolsa de plástico azul anudada conteniendo su reloj de oro, su billetera de piel llena de tarjetas de crédito y algunas prendas de vestir compradas en las tiendas más exclusivas de Barcelona. Porque, esos apenas dos minutos de imágenes, serán seguramente la única compensación que obtendrán, y a la que tienen derecho, los ciudadanos engañados.

  

 

© PCB

Etiquetas: , , ,

03/11/2009 18:55 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones. Hay 1 comentario.

En el día de los muertos, un relato de difuntos

     Se veía dentro de un ataúd, rodeado de tres ramos de gladiolos blancos y una corona de dalias moradas y amarillas que le hacía daño a la vista, y se preguntaba qué hacía ahí. Se veía vestido con el traje gris marengo, un poco anticuado ya, que se había hecho para la boda de un amigo; inmóvil, con los ojos cerrados y las manos cogidas en santa postura sobre el vientre y la cara exageradamente sonrosada. «Para estar muerto tiene un color saludable», oyó decir a la mujer de su amigo que no pudo evitar una sonrisa maliciosa ante la ocurrencia. Dio un vistazo al aforo, más bien escaso, y constató que personas consideradas importantes para él no estaban allí. Sí estaba, sin embargo, su ex. «¿Qué hace ésta aquí? ¿Quién la ha invitado?». Descendió, se le acercó y le gritó al oído «¡Zorra!», ascendiendo de nuevo a toda prisa, alejándose del peligro, como hacía cuando vivían juntos. La mujer dio un respingo como si algo la hubiese asustado y ofuscada miró a uno y otro lado buscando la causa. Desde su atalaya de espíritu, el difunto le dedicó un corte de mangas acompañado de un «¡Jódete!», que resonó en la sala sin ser oído por los asistentes al responso oficiado, sin gran convicción, por un lacónico maestro de ceremonias. Decía el orador que él, el difunto, había sido una persona querida. Claro que a continuación tuvo que aclarar que «al menos por los que lo querían», sin embargo, también dijo que «a pesar de sus muchos defectos, no todos malos, era una persona entrañable, sencilla y recta, sobre todo muy recta». Y aquí el rostro de algunos asistentes se contrajo mostrando su extrañeza ante la afirmación. «¿Recto el muerto? Será ahora que está estirado en el ataúd», musitó el que hasta un día antes había sido su abogado. La glosa del difunto continuó por caminos pantanosos, obviando que se había suicidado para evadir a la justicia y poniendo de manifiesto que el orador, empleado de la funeraria al fin y al cabo, desconocía por completo al difunto.

     En su no parar de un lado a otro observando a los hasta ayer amigos, conocidos y familia, el difunto, o mejor dicho: su espíritu, comprobó que sólo uno de los asistentes parecía sentir de verdad su muerte. Era su madre claro, la única persona que tenía los ojos llorosos y de vez en cuando soltaba un compungido suspiro que denotaba aflicción. Profundamente emocionado se le acercó con intención de consolarla, aunque sin saber cómo. Al rozarle la cara con su mejilla, oyó las afligidas palabras que su madre murmuraba para sí y retrocedió asustado. «Maldito seas, que te pudras en el infierno. ¡Mal hijo!», pareció oírle decir. «Pero no puede ser», se dijo. «Ella es mi madre, no puede decir eso de mí». En esas estaba el espíritu del difunto cuando desde la parte trasera de la sala se oyó una voz cavernosa espetar al orador: «Acabe de una vez, ese mal nacido no se merece ni un minuto más de nuestro tiempo». Se giró y clavó su mirada en el hombre vestido de negro que de pie en el pasillo conminaba al orador a dar por concluida la ceremonia. Era su socio, el mismo que a partir de ese momento tendría que hacer frente a la justicia por los desmanes cometidos por él. El difunto lo vio sobresaltado, excitado, cabreado más bien, y desde la altura no perdió detalle de lo que hacía. Despotricando contra el muerto, el hombre vestido de negro caminaba con paso firme por el pasillo hasta el ataúd. Una vez ante él lo miró con rabia y escupió sobre su cara. «Demasiado sonrosada para un muerto», pensó. Maldijo el día en que lo conoció, sacó una pistola del interior de la americana negra y, apuntándole al corazón, disparó. El estruendo sobresaltó a los presentes, un pesado silencio inundó la sala mientras el asesino, que seguramente no lo era porque el asesinado ya estaba muerto, lo miró con desprecio, soltó un sonoro: «¡Cabrón!», y se marchó.

     El espíritu del difunto no salía de su asombro, paralizado de terror permanecía quieto en una esquina del techo mirando lo sucedido sin entender nada y sin saber qué hacer. Porque, ¿qué ha de hacer un difunto al que le acaban de pegar un tiro? «Si ya estoy muerto, ¡qué se supone que he de hacer!, ¿morirme otra vez?», pensaba acurrucado en la esquina. «Que asesinato más tonto, ni sangre hay», susurró la mujer del amigo. «Y eso que le ha dado en el corazón», apostilló el marido.            

     Acabada la ceremonia por la vía expeditiva, los asistentes abandonaron la sala, los empleados de la funeraria trasladaron el féretro al cementerio donde lo incineraron y el espíritu del difunto, confundido y acojonado, deambulaba por la sala sin saber si lo suyo había sido suicidio o asesinato.

 

© PCB

Etiquetas: , ,

02/11/2009 18:42 Autor: pepecobodice. #. Tema: Cuentos. Hay 1 comentario.

Los juegos, juegos son hasta que dejan de serlo

20091029235659-los-juegos-juegos-son.jpg

      Este relato lo escribí hace un tiempo, pero creo que es de plena actualidad visto lo sucedido en un instituto de Madrid.

 

     El juego dejó de serlo en el momento en que el adolescente cogió el cuchillo. De todos modos el relato de la historia tampoco aclara si fue él quien, con el arma en la mano, se acercó al adulto o fue éste el que, al verlo armado, decidió ir a por él. Pero podemos deducir, por lo explicado después por el propio interesado, que todo se desarrolló de forma confusa y demasiado rápida. El adulto, que era el único con autoridad para pararlo, se vio desbordado e incapaz de detener lo que a todas luces era una locura. Claro que según declararon testigos presenciales que vieron y oído lo acontecido, sólo se trataba de un juego.

     La delgada línea que separa la realidad de la ficción dificulta el establecimiento del momento exacto en que lo que hasta entonces no era más que un juego de niños se transforma en un dramático suceso. El desconocimiento que tienen, unos adolescentes demasiado protegidos y escasamente preparados para diferenciar realidad de ficción, de las consecuencias de jugar a unos hechos reales, acaecidos tiempo atrás en un entorno muy diferente al suyo. Hace que, llegado al punto de no retorno, el juego deje de serlo y se transforme en un macabro acto de violencia sin más objeto que el de traspasar los límites de lo permitido. Es de suponer que al intentar reproducir en un juego lo sucedido en otro tiempo y lugar, no supieron establecer las diferencias entre hacer y representar un acontecimiento. Y de la misma forma que cuando juegan a policías y ladrones disparan simulando con las manos una pistola y reproducen con las cuerdas vocales el sonido de los disparos, haciendo énfasis en éstos y convirtiendo en secundario y sin importancia la no existencia del arma. En este caso deberían haber hecho algo similar, sólo que resulta difícil imitar con la voz el silencioso penetrar en la carne de la hoja de un cuchillo afilado y por ello pretendieron dar más veracidad al juego utilizando al menos un arma real. Aunque, suponemos, sin intención de llegar al final. Pero, llegado a este punto cabe preguntarse: ¿Cuando y donde considera un niño que es el momento de parar el juego?

     Al margen de consideraciones morales a la hora de prejuzgar el acto del menor, hay que tener en cuenta la influencia en ese acto, que no olvidemos es un juego, de la inesperada intervención del adulto. Éste, al ver el cuchillo en manos del niño, presupone lo que en realidad no es y, en su intento por evitar lo que a todas luces parece un acto criminal, provoca, precisamente, que se materialice dicho acto. Porque, la aparición de un elemento perturbador en el escenario ficticio de unos adolescentes que juegan, quizá demasiado en serio, a matar; desencadena la imprevisible rabia de los jugadores al verse sorprendidos y no poder culminar con éxito el acto motivo del juego. La frustración provocada, los lleva a reorientar la trama del juego y, puesto que el adulto es la causa de esa frustración, desvían hacia él el objetivo último del mismo convirtiéndolo en victima.

     Tras varios avisos al menor para que deje el cuchillo y constatar que no le hace caso y que además, y esto fue lo que más le confundió, la hasta entonces supuesta víctima, se une al agresor incitándole a acabar con él, el adulto pasó a la defensiva; lo que enfureció aún más a los menores que, al detectar el miedo en el rostro del adulto, no dudaron en continuar con su acoso. Forzando así una situación que traspasaba todos los límites permitidos y transformaba un simple juego en una agresión en toda regla. 

     A la vista del resultado se constata que: Los adolescentes pusieron sus vidas en peligro por un estúpido juego. El adulto, con su inesperada aparición en el escenario de ese juego desencadenó un cambio brusco en el guión que casi le cuesta la vida. Unos y otro transformaron así lo que en un principio era un juego, no exento de riesgo, aunque a buen seguro que habría finalizado sin mayores consecuencias, en un intento de asesinato que se saldó con dos adolescentes y un adulto heridos.

  

     Lo preocupante, no obstante, no son las heridas recibidas por los implicados. Lo verdaderamente preocupante es que unos adolescentes de apariencia normal crucen la imaginaria raya que separa el “jugar a matar” del “querer matar” en apenas unos instantes y sin titubear.

 

 

© PCB

Etiquetas: , , ,

29/10/2009 23:57 Autor: pepecobodice. #. Tema: Narraciones. Hay 1 comentario.

Mapa de los sonidos de la corrupción

20091028193501-bartomeu1.jpg

     En un programa de TV3 preguntan a Jordi Pujol sobre el caso Millet y responde algo así como que «si entramos en ese tema podría ser que todos acabemos oliendo mal». Se refería evidentemente a la clase política sin distinción de partidos. Ayer Pilar Rahola, en otro programa de la misma televisión y a raíz de la respuesta de Pujol, dijo que «si sabía algo debería decirlo, de lo contrario estaría haciendo una trampa sucia y fea». Horas después saltaba la noticia de que habían sido arrestados por blanqueo de capitales, tráfico de influencias y cohecho: el alcalde socialista de Santa Coloma de Gramanet, Bartomeu Muñoz; el concejal de urbanismo, Manuel Dobarco; el ex conseller convergente de Economía, Macià Alavedra; y el ex secretario general de Presidència, Lluís Prenafeta. Aunque lo parezca, las detenciones no están relacionadas, al menos directamente, con las declaraciones del ex president y el posterior comentario de la comunicadora. Pero resulta pintoresco la coincidencia en el tiempo o, mejor aún, el encadenamiento de la declaración, el comentario y la detención.

     Habrá quienes piensen que la corrupción se extiende como una mancha de aceite por todo el país. Están equivocados, lo que ahora se extiende es su conocimiento y desarticulación, la corrupción ya hace años que se extendió. Se inició sigilosamente durante la última etapa del gobierno González y se aceleró descaradamente durante los años de bonanza económica y crecimiento de la riqueza. Durante el periodo en que Aznar ocupaba la Moncloa y a la sombra de un desarrollo especulativo, salvaje y, a la vista de los resultados, pandémico, del sector de la construcción. Ayuntamientos ahogados por la falta de liquidez y dirigidos por alcaldes ambiciosos que se dejan llevar por los cantos de sirena de personajes sin escrúpulos dispuestos a vender su alma al diablo por un puñado de euros. Políticos, novatos unos, deslumbrados por el brillo del oropel que no dudan en hacer negocios con mafiosos confesos. Veteranos otros, conocedores de los entresijos del poder e incapaces de controlar su desmesurada afición a ser ricos.

     Empresarios, banqueros, alcaldes y concejales, presidentes y consejeros, políticos en general, jueces y abogados, directores y presidentes de fundaciones y otras asociaciones de viejo ringo-rango que pierden el pudor ante un fajo de billetes. Sin olvidar al ejército de simples ciudadanos convertidos, de la noche a la mañana, en seudo constructores que con estridente mal gusto exhiben ante sus asombrados convecinos la obsesión por poseer aquello que jamás habrían poseído de no ser por la cultura del pelotazo. Todos, sin distinción de color político, peperos y sociatas, convergentes y esquerranos, ecolatas y comunistas, ateos y cristianos, ¡todos huelen y no precisamente a rosas!

     La crisis, provocada por holgazanes como ellos, y su desmesura en hacerse ricos a toda costa, los ha dejado con el culo al aire. Los escándalos afloran lentamente, las detenciones de cargos públicos y privados se suceden, los abogados de bufetes alto estanding se ven agobiados de trabajo ante tanta mierda acumulada y la prensa no da abasto para cubrir todas las noticias que día tras día generan. Y ahí está el peligro, que el volumen de corruptos supere a los no corruptos haciéndoles inmunes y acabemos por aceptar que son parte del sistema y por tanto legítimos. De hecho ya está ocurriendo, el caso Camps en Valencia es la muestra. La habilidad de todo un equipo de personas, jueces incluidos, está dando la vuelta al caso hasta el punto de hacer creer a la mayoría que no cometió delito alguno.

     Volviendo al caso de Santa Coloma, los dirigentes del PSC, y con ellos los del PSOE, tienen ante sí una oportunidad de oro de: Por un lado, hacer lo que dicen al PP que hay que hacer ante un caso de corrupción. Y por otro, dejar en evidencia a los líderes del PP que han sido incapaces de actuar contra sus corruptos.

     Lo peor de todo es que el paro sigue aumentando y se siguen cerrando fabricas que, como la de Lear en Roquetes (Tarragona), dan la impresión de ser simples chiringuitos montados por inversores sedientos de dinero que ante una caída de beneficios no dudan en tirar al paro a unas decenas de familias e irse con los bártulos a otro sitio, ya lo hicieron en el 2002 en Cervera (Lleida). Este es el mapa de los sonidos de la corrupción. El continuo chirriar de unas conductas delictivas. Avaladas, la mayoría de las veces, por cargos electos que se escudan en unos centenares de miles de votos para justificar su proceder mientras se ríen ante las narices de los votantes sin ningún tipo de pudor.

  

     La política corrompe la conciencia, los políticos corruptos la política. Por ello, quizás ha llegado el momento de volver sobre las teorías anarquistas expuestas hace más de un siglo por pensadores como: Mijaíl Bakunin, Piotr Kropotkin, Errico Malatesta, Élisée Reclus, Anselmo Lorenzo, Ferrer i Guardia y tantos otros. Vista la situación actual, puede que sean la única alternativa.

  

 

© PCB

Etiquetas: , ,

28/10/2009 19:35 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones. Hay 1 comentario.

Indios, vaqueros y fantasmas en casa de Juan de Dios

20091026200401-indios-y-vaqueros.jpg

 

     El niño crea sus propios ídolos basándose en parámetros imprevisibles y no estandarizados. Los personajes que admira pueden incluso ser inadecuados a ojos de los adultos y aún así, esa admiración, convertirá al personaje en héroe, o, cuanto menos, en alguien especial, capaz de hacerle ver la vida de otra forma. La percepción de la realidad por parte de un niño es diferente, y libre de ataduras morales, a la de los adultos. Lo que le permite elegir sin cortapisas a los personajes que formarán parte de su propio universo. En mi memoria permanecen vivos aún personajes que de niño configuraron el mío. No son héroes, no al menos en el sentido estricto de la palabra, pero son personas reales, de carne y hueso que vivían en Padules, el pueblo donde nací, y que entonces y por diferentes motivos dejaron su huella en mí. Hoy quiero recordar a una de esas personas, una mujer que, a los amigos de sus hijos, nos hizo reír, llorar de risa y pasar miedo, un miedo ¡para troncharse de risa!

 

     El recuerdo que tengo de ella es de una mujer alegre y muy bromista. Su cara aparece desdibujada en mi memoria, con trazos inacabados que me impiden fijar su rostro, pero si viera una foto suya, seguro que sabría que era ella. Cuando el grupo de chiquillos íbamos a su casa a jugar siempre nos recibía con una sonrisa. Sabía que tarde o temprano subiríamos a la cámara y sería entonces cuando ella desplegaría sus dotes de actriz, porque, a la vista de unos mocosos como nosotros, Isabel era una consumada actriz. En la sala presidida por una enorme chimenea, una vez se entraba desde el recibidor que servía de improvisado almacén de la tienda, jugábamos a indios y vaqueros con el fuerte Apache de madera que tenía Juan de Dios, su hijo. Con las figuras de goma de “Indios y Vaqueros” recorríamos toda la casa, arrastrándonos por el suelo organizando persecuciones y guerras que ganaban unos u otros, eso nunca quedaba claro. Y entre risas y discusiones sobre si el vaquero había disparado primero o el indio lanzado la flecha antes, pasábamos la tarde.

  

     Atenta a nuestra algarabía, Isabel nos observaba y cada vez que pasaba junto a nosotros nos decía algo, nos gastaba una broma o nos daba un susto que era lo que más le divertía. Se reía de nosotros y con nosotros mientras esperaba el momento adecuado para entrar en acción. Era una estupenda anfitriona y se contagiaba de nuestra alegría. O, puede que fuese ella la que nos la transmitía, porque en el fondo quizá seguía siendo una niña. Le encantaba asustarnos y a nosotros ser asustados. Y, aunque sabíamos que era ella, siempre conseguía sorprendernos y asustarnos de verdad. Cuando menos lo esperábamos aparecía cubierta con una sabana haciéndo de fantasma y nosotros corríamos por el pasillo chillando y bajábamos la escalera hasta la calle acojonados de verdad. Otras veces aparecía disfrazada de vampiro, con dos dientes de ajo como afilados colmillos y la cara pintada y nosotros otra vez a correr, a chillar y después reír. Pero el susto no nos lo quitaba nadie. Así era, siempre alegre y haciendo bromas. Los momentos vividos en aquella casa, que era tienda y estanco, junto a los polos de La Casera de naranja y limón que hacía en la cubitera de la nevera con un palillo, quedaron fijados en mi memoria.

  

     Aquellos niños que corrían despavoridos escaleras abajo perseguidos por un fantasma desternillándose de risa, crecieron y dejaron de jugar a indios y vaqueros. Pero esos momentos, esas tardes de verano de juegos y risas en casa de Juan de Dios, permanecen agazapados en algún rincón de la memoria a la espera de, como hoy, ser recordados.

 

 

© PCB

Etiquetas: , , ,

26/10/2009 20:04 Autor: pepecobodice. #. Tema: Narraciones. Hay 1 comentario.

El fin del mundo pasa de largo mientras piloto y copiloto discuten

20091023190125-fotograma-2012.jpg

Habrá vida tras '2012'

La comunidad científica ha salido a aclarar que la tesis sobre el fin del mundo que sostiene la película no es más que publicidad (La Vanguardia 22/10/2009)

    Cuando la comunidad científica ha de aclarar que la tesis sobre el fin del mundo planteada en una película de Hollywood no es más que publicidad, es que las cosas no funcionan como deberían. ¿De verdad los humanos somos tan estúpidos que aceptamos como buenas las teorías expuestas en una película de ciencia ficción y creemos que efectivamente lo que en ella se relata sucederá en la realidad? Al parecer eso es lo que ha sucedido en EEUU tras el estreno de una película que fija el fin del mundo en el año 2012. Muchos americanos han asumido como cierto lo visto en la película y se han lanzado a un desesperado intento de ponerse a salvo del desastre. Foros en Internet potencian y multiplican el efecto histérico de unas personas que, a falta de valores más tangibles a los que acogerse, se dejan llevar por la falacia de un final apocalíptico basándose en supuestas teorías sobre signos, símbolos y toda clase de enigmas inventados sobre culturas antiguas, desaparecidas no precisamente por el efecto de fuerzas sobrenaturales sino por la acción del hombre. Lo sucedido pone de manifiesto la estrechez mental de un sector de la sociedad norteamericana. Ciudadanos que creen a pies juntillas lo que les dicen y que seguramente son los mismos que desechan la teoría de la evolución en pos de la del creacionismo y bajo esos principios aceptan sin rechistar la posibilidad de que el fin de los días esté a la vuelta de la esquina porque un guión bien escrito, posiblemente bien documentado y, sobre todo, hábilmente manipulado, les dice algo tan falaz como que ese final lo predice, por ejemplo, el Calendario Maya. Ha ocurrido otras veces, y ocurre, sobre todo, en épocas de crisis, cuando los valores sobre los que se fundamenta la sociedad de bienestar capitalista se tambalean por los comportamientos poco éticos de sus valedores y son cuestionados por los millones de ciudadanos que ven impotentes como desaparece su empleo y con él la posibilidad de pertenecer a esa sociedad. Es entonces, cuando han sido abandonados, están solos y se sienten acorralados, que esos ciudadanos buscan desesperados una salida a su desgracia y la encuentran en los oportunistas agoreros del Apocalipsis. Los mismos que interpretan según su conveniencia las teorías lanzadas al viento por, como en este caso, una película de desastres que, casualmente, son las que más abundan en tiempos de crisis.

 

     La historia se repite cada cierto tiempo. Da igual el motivo y los medios utilizados. Cuando un acontecimiento de envergadura mundial sacude la conciencia humana, los salvadores de turno surgen lanzando sus mensajes de mal agüero para atraer a su causa a los cándidos que ante la adversidad terminan por caer en sus redes. Es lo que vulgarmente se dice: «A río revuelto, ganancia de pescadores».

 

     Y volviendo a la pregunta inicial, quizás lo sucedido ayer en un vuelo entre San Diego y Minneapolis (EEUU) sea la respuesta. Porque, ¿hay mayor estupidez que un avión se pase 230 kilómetros de su destino porque piloto y copiloto andan enfrascados en una discusión y se olvidan de aterrizar? Los pasajeros de ese vuelo sí que rozaron el fin del mundo. Pero, por suerte para ellos, esta vez pasó de largo y el avión aterrizó sin problemas, una hora más tarde de lo que debía haberlo hecho, pero aterrizó.

 

 

© PCB

Etiquetas: , ,

23/10/2009 19:01 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones. Hay 1 comentario.

Creyó lo que escuchó y lo convirtió en verdad

20091021211829-la-religion.jpg

     El hombre Creyó lo que le contaron porque lo hicieron con tanta convicción que ni se planteó si era o no verdad. Los datos que le aportaron eran tan claros y contundentes que no tuvo oportunidad de rebatirlos, tampoco los argumentos, pues los que ellos expusieron parecían tan verídicos que eliminaron toda posibilidad de contrarrestar con otros que, de todos modos, no tenía. La historia, contada de forma repetitiva y sin descanso a lo largo del tiempo se convirtió en algo incuestionable, no porque lo fuera, sino porque conforme se contaba adquiría la grandeza de lo real hasta el punto que muchos que la escuchaban acababan por aceptar que ellos, de una u otra forma, habían participado en ella. De esa manera los oyentes fueron convirtiéndose en parte de lo contado y al contar ellos su versión contribuían a hacer realidad lo que empezó como una simple invención. La mentira transformada en verdad por obra y gracia de los que la transmitían a base de repetirla de boca en boca ha oído en oído. Los antaño escuchadores convertidos en contadores que a la vez eran protagonistas de una historia que, de imposible que era, acabó por ser posible, dando así cabida en la vida humana a todo cuanto el hombre llegara a imaginar. Hechos inventados por mentes ociosas, y exageradamente fantasiosas, fueron incrustándose en la vida humana configurando un conglomerado ético que dio en llamarse dogma. Vidas de personas, reales o ficticias, elevadas a categoría de excepcional cuando no dejaban de ser de lo más normal. Excesivamente ensalzadas y exageradamente alabadas con intenciones poco claras, hicieron posible que el hombre creyera que aquello que empezó siendo un cuento acabase convirtiéndose en la única y auténtica verdad. Y como toda verdad incuestionable necesita alguien que la sustente, algunos que la prediquen y muchos que la crean, fue necesario crear un dios que la sustentase, una iglesia que la predicase y unos fieles que la creyesen. Así nació la mayor mentira de la humanidad o, como diríamos en plena era de la comunicación: la mayor manipulación informativa de la humanidad. Las religiones, todas ellas, hicieron su aparición para perturbar más que enriquecer y embrutecer más que expandir, la inteligencia del ser humano.

 

 

© PCB

Etiquetas: , ,

21/10/2009 21:18 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones. Hay 1 comentario.

Cuando la espera es lo único que queda

     Sentado en el banco espera la llegada del momento y cada instante que pasa siente más lejano el tiempo pasado. En la quietud de una tarde de apacible verano, a la sombra de la vieja acacia y acariciado por la suave brisa, piensa en el futuro inmediato de apenas unas horas que es, en su situación, lo más lejano a lo que puede aspirar. La vida que resta por venir ya no la cuenta en años, ni siquiera en meses, se conforma con contarla en días. Sus planes se limitan a vivir lo inmediato, a llenar el tiempo que transcurre, lento, entre el levantarse y el acostarse, con el cotidiano paseo como única obligación, y poco más. Sabe que todo lo que tiene que hacer es esperar, y esa espera le resulta placentera unas veces, y exasperante otras. Acepta, sin cuestionar si es o no razonable, el sino de lo inapelable. Su condición religiosa le impide ni siquiera sopesar otras opciones, la resignada espera es lo único a lo que está autorizado. Y él, sumiso a los designios de su Señor, jamás lo discutió. Así pues, sentado en el banco, espera. Y mientras lo hace, piensa. Porque pensar es lo único que le queda y a lo que no está dispuesto a renunciar. En eso si que no caben designios ni obediencia debida a los mandamientos, por muy señor que sea quien los dicte. Piensa levemente, como de pasada, en lo que hará, que es más bien poco, en las inmediatas horas. Piensa, más detenidamente, en el tiempo pasado, en lo hecho, bueno y malo. Pero sobre todo piensa en lo no hecho. En lo que, por una u otra razón, no hizo mientras pudo y ese recordar lo que tenía que haber hecho, es lo que le hace pensar aún más.

 

     Ve los niños jugar ante él, vigilados por sus madres que hablan de sus cosas. Él, desde la distancia, más que física de edad, las observa e intenta entender sus palabras. Palabras que le llegan mezcladas con la algarabía de los niños y a trompicones, impidiéndole hilvanar en su totalidad la conversación. Por lo que, haciendo uso de su imaginación, intenta completarla convirtiéndose así en partícipe pasivo de la vida ajena. El anciano impenitente cambia verbos, sujetos y predicados. Añade adjetivos, deshace expresiones, corta frases y monta otras diferentes. Como el cortar y pegar de un tratamiento de texto informático, crea su propio diálogo a partir de los retazos escuchados a las madres que, en las largas tardes de verano, hablan sin parar mientras vigilan a sus niños que juegan ante él. Es el tiempo de espera, el tiempo en que no se tiene nada que hacer porque nada queda por hacer.

  

     Observar, ver y pensar, sobre todo pensar y también imaginar, porque una y otra cosa es lo único que queda cuando se llega a donde él ha llegado. Y a veces, cada vez más, ni siquiera eso queda. Por eso, y consciente como es de que después de todo ese tiempo es un regalo, no quiere renunciar a esos momentos de espera.

    

 

© PCB

Etiquetas: , , ,

20/10/2009 18:13 Autor: pepecobodice. #. Tema: Cuentos. Hay 1 comentario.

El apacible faro de Marken

20091018204504-faro-de-marken.jpg

     Despunta el día u obscurece, amanece o atardece, ¿qué muestra la imagen? Da igual, la instantánea ha recogido para la eternidad un instante de entre luces. Puede ser el crepúsculo como podría ser la alborada de un día cualquiera, lo que importa es la quietud del momento, la belleza de lo retratado que, como una acuarela surgida de las hábiles manos de un pintor, muestra la grandeza innata de un lugar concreto. Pero no sólo eso, también de un instante preciso en que todo se ve bañado por una luz en decadencia, si fuese al atardecer, o, despuntando, si lo fuese al amanecer. El instante justo en que lugar y luz dan al observador el escenario ideal para retratar, permitiéndole conservar en el recuerdo ese momento y no otro. Porque otro, siquiera que fuera con segundos de diferencia, ya no sería el mismo. Es este y no otro el instante indicado. El momento en que el agua refleja la silueta del faro, deformada por el leve vaivén de las olas. Los juncos permanecen erguidos, apenas insinuando una ligerísima inclinación empujados por la casi imperceptible brisa. Los tejados reflejan el rojo amapola que segundos después ya no tendrán, de la misma manera que tampoco los tuvieron segundos antes. Nadie hay junto a la casa, acaso porque el único testigo del instante sea el fotógrafo desde el otro lado de la ensenada. Ocupado en fotografiar, no sólo un paisaje, sino, y con mayor intensidad, un instante de la vida, ese en que la naturaleza se alía con el deseo para ofrece una estampa irrepetible. Habrá, sin embargo, otros muchos instantes en ese lugar, pero ninguno será como este.

  

     Impresiona la armonía de las formas, apasiona la paleta de colores, sobrecoge la soledad del lugar y estremece el silencio del momento. La claridad de la escena muestra la simplicidad del lugar retratado. Siendo esa simpleza lo que la convierte en algo irreal hasta el punto de hacerte preguntar ¿pero, quedan sitios así? La respuesta, el fotógrafo la dará, él fue testigo de lo que ahora vemos plasmado en ese recuadro y, aun suponiendo que usara filtros u otros artilugios de manipulación fotográfica, el resultado es igualmente portentoso.

  

     La vista es interesante a la vez que inquietante. La ausencia de personas y otros seres vivos, aves surcando el cielo azul por ejemplo, y la posición del fotógrafo, lejos y al otro lado, como ocultándose de algo, puede ser el indicio de que en el apacible faro de Marken (Holanda) hay algo más que no alcanzamos ni siquiera a imaginar.

  

© PCB

Etiquetas: , , ,

18/10/2009 20:45 Autor: pepecobodice. #. Tema: Reflexiones. Hay 1 comentario.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]